Qué cojones nos pasa. Así, como sociedad en general, digo. Qué manía tenemos en creernos los mejores, eh. Qué manía.

Los últimos días me han dejado pensando y es que parece que nuestro cerebro, a menudo, no ate cabos. De la misma manera que no relacionamos la mayoría de productos que consumimos con su impacto ecológico, tampoco relacionamos el mundo «beauty» con los laboratorios que experimentan con animales. 

Y si tú, a pesar de todo, sí seguías atando cabos, dudo mucho que tu imaginación alcanzara la horrorosa realidad que descubrimos hace unos días con el caso de Vivotecnia, en Madrid. O por lo menos, yo no tenía ni idea.

Me ha costado muchísimo ver las imágenes. He querido cerrar los ojos medio millón de veces al ver las grabaciones publicadas por varios medios de comunicación, pero no lo he hecho. No he cerrado los ojos, porque ya llevo demasiados años cerrándolos. 

“¿Cómo hemos llegado hasta aquí?” – pensaba mientras veía las imágenes destapadas por Cruelty Free International. No me hizo falta ni acabar de formular la pregunta que ya sabía la respuesta: porque hay demanda. 

Como todo en la vida, dónde hay demanda, hay oferta. Y esta historia no es la del huevo y la gallina, en esta historia, todos sabemos lo que llega antes.

Lo diré alto y claro: como consumidoras tenemos poder, aunque nos quieran convencer de lo contrario. Como ya dije en mi último artículo: “cada vez que compras algo, le estás dando forma al mundo de mañana” 🌱

En esta vida, todas tenemos un momento en el que el cerebro nos hace “clic”. Con el mundo beauty, a mí aún no me había ocurrido. Desconocía por completo todo lo que se tramaba bajo el telón, pero lo que he descubierto durante estos días me ha cambiado por completo.

Y ahora, te pregunto a ti: ¿de verdad hace falta que sangre se derrame para que nos pongamos monas?

Cruelty-free facts: cosas que he aprendido

Me he pasado los últimos días leyendo, y aunque ni sea una experta, ni la cosa deba limitarse a un par de lecturas puntuales, quizás hay un par de hechos que quieras saber antes de finalizar tu próxima compra de productos de belleza:

#1 Hay una diferencia entre «cruelty-free» y «vegano»: una marca cruelty-free es una marca que no testa en animales. Una marca vegana es aquella que no contiene ingredientes de origen animal. Una marca vegana puede ser cruelty-free, y una marca cruelty-free puede no ser vegana.

#2 Es obligatorio testar en animales para vender en China: las autoridades chinas requieren testar en animales para vender en su mercado. En resumen: todas aquellas marcas presentes en dicho mercado no pueden ser cruelty-free. Ambas cosas son incompatibles.

#3 El término «cruelty-free» no está regulado: cualquier empresa puede proclamarse «cruelty-free» sin consecuencias legales. Ojo al marketing falso, amiga.

#4 Existen recursos para saber qué marcas NO testan en animales: hay organizaciones increíbles, como Cruelty Free Kitty, quienes disponen de recursos más increíbles aún. Su página web es una auténtica maravilla (y sus redes sociales, también 💘) y disponen de una base de datos propia e independiente en la que listan y van actualizando todas las marcas que no testan en animales, según sus criterios.

#5 ¿De qué sellos nos podemos fiar? Cuidado, parece que todos los sellos cruelty-free incorporan, de una manera u otra, un conejo en sus logos. Aún así, muchos de ellos no son fiables. Algunos sellos ni son reales 🙃 Según Cruelty Free Kitty, el más fiable sería el sello de «Leaping Bunny».

Listado de marcas que NO testan en animales

Vayamos a lo importante, lo que todas esperamos: ¿qué marcas NO testan en animales? ¿y cuáles sí? 🔎

Para averiguarlo, el buscador de Cruelty Free Kitty va a ser mi nuevo mejor amigo. Y el tuyo también. Súper intuitivo y actualizado, la organización pone a nuestra disposición unas herramientas fáciles de usar para comprobar en un par de clics si la marca que tenemos en el carrito es cruelty-free o no.

Además, perfiles como Glow by Anna (godddesss de los tiempos modernos, la beauty gurú de confianza que nos merecemos, Anna si algún día lees esto, holi, soy fan) han confirmado que a partir de ahora, todas las marcas que figurarán en su perfil serán cruelty-free. Consumidoras al poder, cojones.

Seguir a Cruelty Free Kitty en sus redes sociales también puede ser muy útil, ya que van publicando recursos visuales para mantenernos informadas:

… y también, para recordarnos de revisar nuestros armarios y neceseres:

«Quiero consumir cruelty-free: ¿qué hacer con los productos testados en animales que ya tengo?»

Esta fue la primera pregunta que me hice. ¿Y qué hago ahora? Mi perfume de toda la vida es de Lancôme, mi labial de confianza de Maybelline y el jabón de ducha de Dove. Todo mal, oigan.

De nuevo, mis amigos de Cruelty Free Kitty me esperaban, brazos cruzados, sonrisa de lado y lado y mirada de: «I’ve got you» (menudas pelis me monto, no me lo tengáis en cuenta) y otro artículo de esos que aparecen justo cuando los necesitas. 

#1 ¡Usa los productos que ya tengas en el armario! 🌍

Tirarlo sería contribuir a otros problemas: consumo excesivo, desperdicio de productos, contaminación… Así que nada, amiga, ahora que los has comprado: ¡úsalo!

#2 Regalar o donar siempre es una buena opción 

No todos tenemos la suerte de poder escoger cruelty-free. Algunos y algunas cuentan con la generosidad de los demás para navegar los tiempos difíciles, así que si realmente no quieres utilizar los productos que ya tienes, recuerda que siempre puedes donarlos o regalarlos a personas que sabrán apreciarlo.

Lo que más me ha sorprendido de todo es que experimentar con animales no es una necesidad. Entonces, si existen alternativas… ¿por qué las marcas siguen apostando por ello?

Sea cual sea la respuesta, a mí la paciencia ya se me está acabando. Seguiré leyendo y aprendiendo, eso seguro, pero lo seguiré haciendo mientras me unto la cara de cremas cruelty-free. Queda dicho.

Y si aún te quedan dudas, yo quizás no encuentre las palabras correctas, pero Ralph, seguro que sí.

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